C.H.C.G

Nos conocimos hace mucho, no sé cómo ni muy bien porqué, pero me resultaste cayendo mejor de lo que hubiese pensado. Conversamos muchas horas, tomamos el sol en el jardín de tu casa, jugamos con tus amigos, fumamos muchos porros, hicimos videollamadas de horas, me cocinaste, me acompañaste por cuadras buscando un flan, conocí tu infancia, tus traumas, tus sueños y tú también los míos.

Te quiero un montón y me duele mucho que las últimas veces que me escribiste fui seca y cortante. Estaba molesta, estaba dolida y de cierta forma me sentía traicionada. Una vez más había decido callar, preferí » no educar», opté por la no confrontación porque de cierta forma ese comportamiento que tuviste la noche que dormiste en mi casa hizo que te viera como otro más y no como el amigo que eres. Lo lamento.

No quiero volver a hacer esto nunca, no me quiero arrepentir, no quiero hablar bonito de alguien cuando ya no está.

Deseo mucho que este post de mierda caduque pronto y quede sólo como una demostración de amor y no como el final de una historia.

Ojalá te pueda abrazar nuevamente.

¿Por qué parece que todos quieren tener sexo con sus familiares?

Hace 10 años aproximadamente tuve un par de pesadillas en las que tenía sexo con familiares…con mi papá y con mi abuelo para ser más exacta. No eran violaciones -por lo menos no las vivía así-, pero no se sentía bien. En los sueños estaba incómoda sin entender lo que pasaba.

Me sentía mal, tuve miedo de que estuviese manifestando algo o que estuviera descubriendo algún tipo de filia.

Lo hablé con mi psicóloga, me dijo que esos sueños eran bastante comunes y que no le diera tanta importancia. Realmente no volvió a pasar y yo seguí mi vida como si nada.

Esa no era la primera vez que pensaba en el tema. Años antes -cuando todavía podía leer por placer y no porque me obligaran en la universidad- estuve leyendo unas novelas que fueron muy famosas en los 80 en las que unos hermanos siendo niños tenían relaciones y se enamoraban e incluso tenían hijos…una cosa que me hacía tener pesadillas y tuve que dejar de leer.

Desde que tengo el blog personas me han escrito para colaborar, para contarme cosas y para desahogarse…Lo curioso es que las dos personas que se han animado a escribir algo para que sea publicado han escrito sobre incesto. Una mujer me contaba en un relato erótico como estuvo por meses sexteando con un desconocido que terminó siendo su padre y cómo terminó teniendo relaciones sexuales con él. Por otro lado, un chico me contaba en un par de párrafos cómo tenía su primer encuentro sexual con su tía que se aprovechaba de él.

Ninguno de los relatos fueron publicados por motivos personales, pero no he dejado de pensar en lo común que es este tema en fantasías. Bastan un par de minutos en cualquiera de las páginas de pornografía para ver anuncios de juegos online o páginas exclusivas de incesto.

Sin embargo, según los datos anuales de Pornhub en las palabras más buscadas sólo conseguimos «madrastra»…

Las fantasías son taaaaan comunes y no son un problema cuando se mantienen como eso, sin querer ser moralista no puedo evitar sentir escalofríos al pensar en todas las violaciones y personas -infancia sobre todo- que han sido abusadas por algún familiar -la mayoría de los casos-, por lo que en mi mente este tema me causa particular conflicto.

Tengo muchas preguntas y ninguna respuesta.

¿Terminar una amistad?

La primera vez que me rompieron el corazón tenía 13 o 14 años. Él era mayor que yo, nos veíamos en mi casa a escondidas cuando yo salía del colegio, estuvimos varios meses juntos y en medio de mucho drama adolescente finalmente todo terminó cuando empezó a salir con una de mis amigas sin avisarme.

Ella me dolió más que él. Creo que no hablamos nunca más. De vez en cuando la veo en FB, sé que tiene un hijo o dos y parece feliz.

Como casi todos, yo también tengo «ese amor». El complejo, adolescente, intenso. Esa persona con la que crecí e hice muchas cosas por primera vez. Ese que ya hoy no me duele, al que le lloré muchas noches y con quien tuve todas las demostraciones de amor tóxico que pueden existir.

Y cuando todo eso pasó tuve amigas y amigos que estuvieron junto a mí para escucharme hablar de él una y otra vez, abrazarme y amarme…durante años.

Estoy convencida que ninguna ruptura duele más que las amistosas. Porque no las vemos en las películas, no sabemos cómo reaccionar ante ellas, no sabemos cómo vivir ese duelo y de una u otra forma, creemos que los amigos estarán para siempre porque los amigos «son la familia que escogemos»… y pues ya sabemos que aprendemos sobre la familia mientras crecemos.

Terminar una amistad duele mucho. Se siente como un rechazo y como todo en la vida, depende de la edad, confianza, madurez de ambas partes y la circunstancias.

Me pone triste pensar en cuántas amistades importantes he perdido. También a veces me encuentro a mí misma imaginando otros escenarios.

El infame «¿qué hubiese pasado si..?»

He sentido que me cambian por otra persona, he escuchado «en realidad no me caes tan bien», me he sentido traicionada e incluso he tenido que hacer repartición de bienes como de si un matrimonio se tratara.

Mis amigos son vínculos más cercanos que una pareja, porque han durado más, porque me muestro cómo soy, sin pretensiones, sin máscaras…porque siento muchísimo por ellos.

Hoy me tengo que replantear qué hacer en mis tiempos libres, a quién mandarle memes y dejé de sentir que alguien seguramente me acompaña a cualquier plan que se me ocurra.

Lo admito, estoy en conflicto. Dudo de mí y de quién soy. Me siento una farsante en mi propia vida, pero sé que esto también va a pasar.

Ya ha pasado antes y me volverá a pasar.

El día que fui un mal polvo y no me importó

Pasó ayer. Invité a un chico de Bumble a mi casa, menor que yo, extranjero pasando sus últimos días en México.

Todo normal, conversamos, bebimos vino, nos comenzamos a besar en mi sofá, me cargó y me llevó hasta la habitación.

Las cosas iban bien, me besaba y mordía el cuello, me apretaba con fuerzas las tetas…todo prometía.

Estuvimos besándonos un buen rato, nos fuimos desvistiendo poco a poco y así ambos con ropa interior, me subí en él para frotarme un rato.

La verdad no recuerdo cuando tiempo estuvimos besándonos y tocándonos hasta que se puso el condón y me penetró, pero luego de un rato, de diferentes posiciones, de que se la chupara, me comiera, nos comiéramos a la vez, nos masturbáramos y demás…se le bajó.

Seguimos jugando, todo bien y bajo control…lo volvimos a intentar luego de unos minutos. Volví a subirme, me corrí una vez, dos veces y por primera vez en mi vida tuve un squirt – ese cuento se los echo luego-, pero este hombre nada que acababa.

Ya eran las 5 am, yo estaba muerta de cansancio, inflamada y aburrida. Me esforcé y le puse onda a la cogida, lo juro; pero ya no quería.

Así que muy tranquila y calmada, me salí y dije «voy al baño» y cuando regresé ya él se había puesto la ropa interior. Ninguno de los dos dijo nada, él no explicó, yo no pregunté, simplemente así fue. Se vistió y se fue.

Esto podría parecer una historia normal, y lo es. Pero para mí representó otra cosa. Era la primera vez que no me sentía con la responsabilidad de hacer que él eyaculara o por lo menos la primera vez que no me sentía mal porque no pasara.

Y fue liberador.

Que no hayamos hablado del tema, que no haya insistido y que no haya mostrado algún tipo de frustración me hace pensar que es algo común para él…pero yo vengo demasiado mal educada por el porno y si el hombre no acaba es casi que una derrota personal.

Por eso quería escribir esto, porque capaz para él sí fui egoísta y un mal polvo por no haber logrado e insistido en que hubiera semen en mi cara, pero yo estaba comprometida y no se logró.

Además, siendo muy honestos, nada más egoísta que el acto sexual. Ahora súmenle que éramos dos extraños que no hablan el mismo idioma y se comunican pobremente en inglés.

Igual, recuerden que siempre seremos la mejor y la peor cogida de alguien.

02 de noviembre de 2021

Me despedí de ti no una, ni dos, ni tres veces…Me despedí de ti miles de veces. Imaginé diálogos una y otra vez. Te lo grité en silencio otras miles. Te escribí una carta. Te lo grité en voz alta cuando «descubriste” lo que para ti era una muestra clara de infidelidad. Te lo grité en una segunda oportunidad…

No sirvió de nada porque duele mucho.

Hasta que te tocó a ti, hasta que te tocó a ti hablar y decir que también te sentías solo, que también sentías que mi compañía era nula, que te sentías ignorado…

Lamento tanto esto.

Acostumbrarme a lo bonito que fue en un momento, lo único, especial, lo que lo hizo tan nuestro. 

Me duele sentir que nunca me dejaste entrar a tu vida, creo que esperabas que yo me hiciera un espacio, pero no me lo creaste…o no cómo creo que hubiese funcionado para ambos.

Siento el fracaso.

El dolor en el pecho.

Muchas veces no me caes bien. Cuando hablas sin filtro, cuando dices cosas hirientes y actúas como si nada luego, cuando no puedes decirme que me quede, cuando no puedes decirme que me quieres, cuando no me besas, cuando no me agarras las nalgas…a veces cuando siento que estorbo, que te robo el aire, cuando te aburre lo que te cuento, cuando todo lo hago mal, cuando tengo que andar en puntillas y que mis pies te dan asco.

Nunca nada de ti me ha dado asco.

Me duele mucho…

el todo me recuerda a ti,

el todo me suena a ti.

Siento mucho haberme perdido dentro de esta relación, no mostrarme como soy, no mantenerme firme ante cosas, ante mis gustos, ante tus críticas…lamento haberme hecho pequeñita casi tanto como una niña que no puede ni sabe expresarse.

Te amo, me vulneré ante ti como nunca y te extraño a diario.

Me urge sanar, no quiero aguantar, no quiero esperar.

Mi novio está conmigo para pasar el tiempo

Sabrán disculpar que esté monotemática con esto de la soltería , pero desde que a mis 21 años mi exnovio venezolano decidió que no quería estar conmigo, luego de varios intentos de relaciones, otros de obtener cariño mediante sexo y más…Ahora cuando recién estoy comenzando una relación nueva y estoy enamorada por primera vez en 1234567890 años…me están pasando cosas.

Me da miedo que mi novio no me quiera y sólo esté conmigo para pasar el rato. Ajá, así me siento y sé que son mis inseguridades y el síndrome del impostor a todo lo que dan.

Pero como soy experta en creer que las cosas buenas me pasan por suerte y las malas porque me las merezco y «siempre me pasan», no he logrado dejar de creer que mi relación es una simulación y en medio de este tornado de sentimientos tristes, llegó a mí el audio de una buena amiga con las palabras que necesitaba escuchar, que guardaré para siempre y que espero que le sirvan a alguien más:

«Te lo voy a decir así: dejate de joder. No pienses en eso, o sea, obviamente que uno siempre necesita que le demuestren que lo quieren y quieres que te diga que sos ideal para él, pero no. Capaz que justamente tenía otras relaciones, pero en ese momento le gustaban y ahora quiere algo diferente, o te quiere a pesar de eso, o capaz que sí está porque ahora es lo que tiene y está bien así y listo.

No te tenés que cuestionar si sos el amor de su vida o si van a estar mil años juntos. No, es tipo «bueno, ahora lo pasas bien, ahora estás bien, ahora te sentís cómoda, te gusta estar con él…» Bueno, buenísimo, genial.

Obvio todos vamos a tener nuestras inseguridades respecto a uno y respecto al otro. De «ay, no será que se aburrirá de mí», «ay, no será que le empezará a gustar otra»…Y sí, puede pasar, como también te puede pasar a vos.

Obviamente que hay veces que hay relaciones en donde se nota que uno está mucho más enganchado o enamorado que el otro. A veces es por la personalidad y a veces se da. Pero para mí no tiene sentido que te cuestiones esto y menos que te compares con lo que crees que a él le gusta, o estuvo, o las cosas que a él le gustan y qué vos sos…porque no tiene sentido. Y no te hagas la gran de «ay no, ya veo que él me quiere sólo porque no tiene otra cosa que hacer; entonces esto se va a terminar y chau» y cuando te estás enganchando en serio, cuando estás creando una relación en serio; ya te la autoboicoteás…

Así que te diría que no pienses en eso. No le des demasiadas vueltas. Enfocate en todo lo que tenés que pensar, en focalizar en la energía y tratar de disfrutar de tu relación dure lo que dure sea lo que sea y ya está.»

Gracias, Fran, por esto y por todo. Te adoro infinito.

También gracias a ti, bebé, por aguantarme y por amarme como lo has hecho. Te amo.

Catársis

En 2020 comencé a escribir en este espacio y también busqué todas las cosas que había publicado a lo largo de mi vida, asé llegué a un texto de una cuartilla y media que había escrito a los 17 años para Redacción I en la universidad.

La premisa del texto es ¿Quién soy? y yo había olvidado por completo su existencia. Pasaron días para que dejara de pensar en él e incluso llegué a compartirlo con personas cercanas, diciéndoles lo mucho que me sorprendía que aunque habían pasado 10 años, bien podría haberlo escrito ese mismo día. 

A ver, sí, en 10 años pasan muchísimas cosas y lo lógico es que cambiemos, maduremos y vayamos siendo diferentes, pero realmente me sorprendió que Alejandra de 27 años no era tan diferente de la Alejandra de 17. 

La esencia, las cosas importantes y lo que me importa, seguía intacto. 

Decidí que tenía que hacer la versión de 27 y no me tomé el tiempo de hacerla antes de cumplir los 28, pero en diciembre cuando se terminó nuestro primer año de pandemia y vi los recuentos de todos, también tuve que ganas de hacer lo mismo y así es como nace este texto. Una mezcla de tratar de describirme, de todo lo que cambié, viví y aprendí en 2020 y también como una despedida. 

Hoy es 23 de enero de 2021, tengo 28 años y como ya lo dije acabamos de pasar uno de los años más raros que me tocará vivir. 

Enero lo comencé en casa de mi mejor amiga y luego fui a una fiesta con un grupo de amigos que me hacían sentir como en casa siempre, me habían dejado entrar en su círculo y me hacían sentir aceptada y querida. 

También hacía unos pocos meses que había terminado un intento de relación que no terminó nada bien. Sin embargo, me demostró una vez más qué cosas son las que quiero o no de una relación y cómo lo que está mal siempre estará mal por más que intentemos de negar la realidad. 

Mi vida estaba bastante bien. Estaba rodeada de personas que me hacían sentir querida, tuve un par de episodios bonitos en el trabajo, vi en concierto a un músico que me había cambiado la vida -que meses después sería acusado de cosas horribles-, creía que podía tener un amigo con derechos sin vincularme más de lo debido, hice cosas que no había hecho nunca…y así llegó la pandemia. 

Y yo seguí haciendo cosas nuevas, fui a playas que no conocía, hice de modelo y poco a poco llegó la inspiración a mí. Tenia más tiempo libre, podía organizar mis horarios y empecé compartir con amigas y amigos que admiro y que me llenaban de inspiración. También retomé los ansiolíticos y me sentía invencible. 

Tenía ganas de hacer cosas, quería decir y crear, algo que fácilmente no sentía desde por lo menos 5 años antes. 

Uno de mis roomies se contagió y me vi obligada a dejar esa rutina que recién adquiría, mi “estabilidad” tambaleó y me dio mucho miedo que esa productividad y ganas de hacer cosas que fácilmente tenía más de 7 años sin sentir, desaparecieran por completo.

Decidí volver a terapia psicológica y en paralelo comencé a tener problemas de salud por la mala postura que el homeoffice mal planificado me hacía tener. 

Por primera vez me vi inhabilitada a hacer cosas simples como cepillarme los dientes, abrir puertas o utilizar mi celular. El dolor era muy fuerte, constante y para ese entonces era consecuencia de mi constante estrés y sobre explotación laboral…pero ¿cómo era posible? Yo estaba muy feliz con el proyecto del blog, escribiendo y colaborando con personas. ¿Cómo iba a poder dejar de hacer eso que me hacía tan feliz, útil y con esperanzas? 

En terapia descubrí que esa motivación que tenía años sin sentir y que disfrutaba al máximo, se convirtió en una forma más de evasión de mi realidad y mi cuerpo no tardó demasiado en gritarme lo que en realidad pasaba: estaba llenándome de tareas y compromisos para mantener mi mente callada y evadir los problemas que con la cuarentena y la terapia habían salido a la luz.


6 meses después de que comencé a escribir esto, es decir en julio de 2021, la vida me ha cambiado de manera insospechada. Ya perdí la cuenta de las cosas que han cambiado en estos meses y sin dudas, el 2021 ha sido más bueno y complicado que el primer año de pandemia mundial.

Ya tengo un diagnóstico de salud, aprendí a cuidarme en ese aspecto, estoy enamorada, conocí más cosas oscuras de mí, me mudé sola, decidí establecerme seriamente en México, cambié de trabajo, tomé decisiones y seguí dándome cuenta de que estoy rodeada de gente que vale muchísimo y que me apoya.

Hoy más que nunca quiero ser mejor persona, quiero entender porqué hago, siento y digo. Todo lo que me está pasando viene con retos y con mucha reflexión acerca de quién soy porque me di cuenta que no me caigo tan bien cómo creía.

No sé qué va a pasar, tengo miedo y muchas ganas.

La historia de mi aborto

Conocí a David en una fiesta con mis amigos del colegio, era el mejor amigo de un compañero, nos gustamos mucho y nos hicimos cercanos muy rápido. Luego de unas semanas hablando por mensajes, me pidió que fuéramos novios. Obvio dije que sí.

Me acompañaba todos los días a casa, me regalaba cartas y me hacía sentir muy especial.

Luego de algunos meses juntos, decidí que quería tener intimidad con él. Yo nunca había estado con nadie y sentía curiosidad. Así fue como una tarde luego de clases, en su casa, pasó por primera vez. La experiencia fue rara, como todas las primeras veces, pero poco a poco nos conocíamos más y aprendimos a conectar también ese aspecto.

Luego de tres meses de esa primera vez comenzaron a pasarme cosas. Todo el tiempo estaba cansada, siempre tenía sueño y mis senos me dolían. Me sentí así varios días, hasta que me di cuenta de que mi menstruación estaba retrasada.

Yo tenía 17 años y mi educación sexual había sido casi nula. En el colegio se habían limitado a contarme sobre las pastillas anticonceptivas y los condones y sinceramente cuando me dijeron que con el sexo sin protección la mujer puede quedar embarazada, lo entendí tan mal que creía que sólo con un beso podía embarazarme.

En mi casa, la cosa era peor. El tema era totalmente tabú y ni mi madre ni mi padre estaban conscientes de lo que implicaba una educación sexual oportuna durante mi crecimiento.

Como sentía que no tenía a quién acudir. Hice lo que toda niña haría, hablar con una amiga.

Ella me acompañó a la farmacia por una prueba de embarazo que salió negativa. Yo seguía sintiéndome mal y sabía que algo no andaba bien. Fui por la segunda y dio positivo. Lo siguiente fue hacerme una prueba de sangre, que también fue positiva. Allí muerta de miedo, decidí ir al médico y con un eco determinaron que tenía un mes de embarazo.

David decía que sería «el mejor padre del mundo», él quería tenerlo y como ambos venimos de familias con pocos ingresos hablaba de buscar dos trabajos para que al bebé no le faltara nada.

En este punto, yo no quería continuar el embarazo. Decidí abortar porque estaba muy joven y no me sentía preparada para tener un bebé. Tenía mucho miedo, la verdad, pero era mi cuerpo. Yo decidía y nadie más podía hacer eso por mí. Tenía una vida que continuar y tener un hijo a tan corta edad no sonaba como una buena idea.

David me dejó, me llamó asesina y no se involucró de ninguna forma desde que le hablé de mi decisión.

Finalmente lo hablé con mis padres. Mi mamá apoyó mi decisión, pero tenía miedo de que algo malo pasara porque el aborto en mi país es ilegal, entonces el procedimiento sería de forma clandestina. Mi papá se molestó mucho y fue en ese momento cuando me habló de forma explícita sobre el sexo, las infecciones de transmisión sexual y los cuidados.

Lamentablemente esa charla llegó muy tarde.

El aborto fue más complicado de lo que temía. El proceso consistió en introducir pastillas en mi vagina. Un total de 10. El primer día fueron dos justo antes de dormir. Y el segundo y tercer día 4 pastillas respectivamente.

Todo fue muy doloroso. Todo el tiempo me dolía el vientre, tenía calambres, dolor estomacal, debilidad, sangraba mucho con un olor fétido…hasta que finalmente en una ida al baño saqué un coágulo muy grande.

La situación no mejoró después de eso. Nunca dejé de sentirme débil y el siguiente paso era hacerme otra ecografía transvaginal para asegurarnos de que no hubiera restos dentro de mí. Eso no pasó, no había expulsado todo.

Tenía que someterme a otra intervención, un curetaje uterino. Fui a otro centro médico y decir que había sufrido un aborto espontáneo. Allí me anestesiaron por completo y me limpiaron por dentro. Luego de eso pasé varios días con dolores al caminar y muy sensible. Me hice un tercer eco y ya estaba libre de cualquier rastro.

Todo fue muy doloroso física y emocionalmente. Por suerte conté con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Mis papás seguían molestos, pero nunca me dejaron sola y me acompañaron en todo momento.

Pasó mucho tiempo para que volviera a tener relaciones sexuales, a veces lloraba sin razón aparente y los libros de autoayuda fueron mis mejores amigos durante bastante tiempo.

Tengo 25 años y desde ese momento no he vuelto a tener relaciones sin protección. Creo que así como yo, muchas niñas, niños y adolescentes desconocen las consecuencias de tener sexo y los métodos para cuidarse. Es muy importante que todos puedan recibir una orientación confiable para que puedan tener una vida sexual feliz y sana .


*Este texto fue escrito con base en una entrevista a una mujer venezolana.

Soy hombre y me gustan las mujeres con pene…

¿Cómo te defines? ¿Cuál es tu orientación sexual?

Uff, eso ya es una pregunta difícil. Me parece complicado e innecesario usar un término para definirlo, pero me atraen las mujeres y no me atraen los hombres. La parte particular de mi atracción es que me gusta que una mujer tenga pene. Esa es mi percepción. Si tengo la impresión que una trans es muy varonil (si veo barba o rasgos muy cuadrados), no me atrae… Es muy triste (suena como “si no eres así y así y no cumples con mis criterios, vete.”), pero no controlo lo que me gusta y es una pena (todo sería más fácil si lo controláramos). Pero por supuesto, tengo mucho respeto por todas y todos y nunca les molesto con pronombres equivocados o comentarios sobre su físico.

¿Cómo y cuándo te diste cuenta que querías estar con una mujer trans?

Al principio, cuando tenía unos catorce años, sólo era una fantasía (cuando las descubrí por azar en porno, entre otras rarezas como el hentai, etc…) y no me lo pensaba del todo. Mucho más tarde, había estado dos años y medio con una chica con la que las cosas no iban bien en la cama, y después de esa relación, me pregunté “¿Qué es lo que a mí me gusta y que tendría que buscar?” Y sólo en ese momento, volví a pensar en las trans y entré en un sitio web para conocer algunas.

¿Te sentiste raro? ¿Tuviste que investigar?

Me sentí raro cuando le dije a mi madre y me respondió que “todas las trans son hombres primero.” Antes pensaba que eran mujeres que se operaban para tener pene. Eso me perturbó mucho y de hecho, investigué un poco (sobre los diferentes casos, “non-op”, “post-op”, etc. porque por culpa de esa percepción que tenía, pensaba que las “post-op” eran las que tenían pene). Ahora, creo que me sentiría raro si tuviera una novia trans y que los demás lo supieran…porque vivo en Bélgica y aquí, mucha gente las perciben como hombres disfrazados… Y por eso, probablemente todavía hay muchas que ni siquiera se atreven a empezar su transición.

¿Consumes este tipo de pornografía?

Sí, ahora que tengo novia (con vagina) y que todo va muy bien con ella incluso en la cama, sólo veo trans en el porno. Me da diversidad y por ahora, ¡estoy muy satisfecho así!

¿Es algo que hablas con tus amigos?

Tengo un amigo al que le dije porque me hablaba mucho de sus matches en Tinder. Él lo tomó muy bien y a veces, nos burlamos de ello, pero es el único al que lo dije, simplemente porque no hablo de mi vida sexual con mis amigos. Si me lo preguntaran, lo diría sin vergüenza, y eso probablemente es porque tengo asperger. Generalmente me gusta hablar de algunos temas muy relacionados a mis intereses y los otros temas no me interesan del todo, no tengo interés del todo en las otras interacciones sociales que de hecho evito, y no tengo ningún tabú. Cualquier persona en la calle puede preguntarme cualquier cosa y me parecerá normal.

¿Has tenido alguna mala experiencia, como ser juzgado por tus gustos?

Sí, solamente con mi madre y me hirió porque su validación es la única que me importa. Darme cuenta que lo percibía así me entristeció. Lo peor es que sé que su percepción no cambiará. Tiene más de 50 años, es muy testaruda como yo y Bélgica también es lo que es. Somos un grupo de personas muy caseras y encerradas en nuestra burbuja y muy a menudo, nos cuesta ver cómo es la realidad desde la ventana que da a nuestro jardín.

El orgasmo y yo

Creo que nunca he tenido un orgasmo.

Inicié mi vida sexual a los 15 años y a los 17 una prima, mayor que yo, me preguntó si ya había tenido un orgasmo. En sus palabras, ella juraba que había tenido orgasmos hasta que conoció a su novio de ese momento y se dio cuenta que todo lo que había pasado antes no lo eran.

Desde entonces mi vida sexual se basó en dudar si tenía orgasmos o no. Me obsesioné con el tema y mientras más investigaba más me frustraba. Todas esas descripciones de «una sensación que te recorre todo el cuerpo», «una pequeña muerte», «tanta sensibilidad que abruma», etc no encajaban con nada de lo que yo sentía durante el sexo o la masturbación.

Puedo comparar lo que sentí durante años -con muchísima menos frecuencia ahora- con un paseo en montaña rusa, la excitación va en aumento hasta que llega el punto más alto desde donde ves todo y justo ahí me gana la desesperación y suelo quitarme…creí que eso era lo más cercano que estaría a un orgasmo porque simplemente no me dejaba avanzar. En mi mente, era yo misma cortándome y no dejándome sentir lo suficiente.

Esto me decepcionaba porque siempre me he asumido como una persona de «mente abierta» y sin complejos en el ámbito sexual…¿cómo era posible que yo, que hablo de sexo abiertamente, que le doy tanta importancia y que quiero que todos podamos quitarle esas miles de capas innecesarias que tiene…no hubiera tenido nunca un orgasmo?

Vale aclarar que esa sensación de montaña rusa la vivía mucho más cuando estaba con parejas que cuando me masturbaba, cuando lo hacía sola me costaba muchísimo más llegar a ese punto.

No sé cómo pasó exactamente, pero desde que un chico me hizo sentir cosas diferentes con sexo oral y no me dio tiempo de quitarme ni de desesperarme por llegar, tuve mi primer acercamiento a sentir algo más. Desde entonces traté de enfocarme en conocer mi placer, en apretar mis músculos mientras me penetran y en frotarme con todo lo que pueda durante el encuentro.

Así poco a poco esa ansiedad por llegar al orgasmo fue disminuyendo y prácticamente ya no la siento, aunque sigo pensando que no tengo orgasmos. Me excito mucho, disfruto mucho, me abstraigo bastante y me tiemblan las piernas en algunas posiciones, pero realmente esa descripción del orgasmo que está en todos lados, no encaja con lo que yo siento.

Los cuerpos son distintos y es imposible que todas sintamos lo mismo, pero me cuesta dejar de pensar que nunca he tenido un orgasmo y sé que no soy la única que se siente así. Esto lo hablo con mis parejas regulares e incluso algunas de ellas me aseguran que -desde su percepción-sí tengo orgasmos porque tal o equis razón…Pero, ¿cómo saber que estoy teniendo un orgasmo si no sé cómo se siente uno?

¿Creo que tengo un problema? La verdad no. Creo que simplemente estoy muy mal educada por la pornografía y que soy una persona muy ansiosa. Si te pasa algo parecido, puedes leer sobre la anorgasmia y también ir con tu ginecóloga/o para resolver si se trata de algo físico o meramente mental.